Ir al contenido principal

Reversión Temporal

Autor: Carlos López Córdova



Estaba frente a mi ordenador haciendo nada, solo buscaba no sé qué cosa en la red a falta de hacer algo interesante, de repente un dolor punzante entró por los dedos de mí, con el cual tenía sosteniendo el mouse y se dirigió de forma veloz a mi espina dorsal.
Intenté sobarme la cabeza y no pude mover mis manos, intenté mover mis piernas pero tampoco logre moverlas, comencé a gritar de la desesperación y a intentar con todas mis fuerzas liberarme de lo que me tuviera atado a mí mismo.
Pocos segundos tuvieron que haber pasado para cansarme, no era un deportista consumado, que haya corrido diez veces en los últimos dos años no me hace un atleta y mi barriga lo demuestra, pero sí tengo fuerza más no la suficiente para liberarme de esta cárcel hecha a la medida.
Decidí calmarme y ver lo que estaba ocurriendo, de repente vi por la ventana que la chica de al lado pasaba por la vía manejando su bicicleta hacia atrás, literalmente parecía que retrocediera avanzando. Luego sentí los movimientos de mi cuerpo que no podía sentir antes por el hormigueo que ocasionó el esfuerzo que hice para liberarme.
Mis dedos se movían de forma automática, mis pies igual, no se me había ocurrido ver la pantalla hasta que mis manos fueron hasta el teclado sin que yo las pudiera controlar y cada letra que presionaban mis dedos se iban eliminado del URL que antes había escrito.
Comenzaba a entender, de un momento a otro mi cuerpo se paró sin que yo tuviera lugar en esa decisión y dije, voy al baño y en efecto al baño estaba yendo, cuando entré lo primero que hice fue cerrar la manilla del agua y esta se abrió el agua salió de la tubería y se untó en mis manos como pasta, sentí el frío en ella, solo para que luego entrara de nuevo en la llave.
Cuando voy al mejitorio la orina entró nuevamente en mi sistema, el dolor que sentí en ese momento fue indescriptible, pero no podía gritar, solo gemir y a medias, solo tenía control de mis pensamientos. Mi dije a mi mismo que tenía que salir del cuerpo si quería seguir cuerdo, lo que estaba sintiendo me haría entrar en locura en pocas horas, si es que ya no estaba loco.
Decidí salir del cuerpo mientras este caminaba nuevamente al ordenador, no sabía cómo pero tenía que hacerlo, de repente me dije a mi mismo que me dejaría caer, si la fuerza no funcionaba, la falta de ella quizás me haga el favor, y en efecto cuando dejé de hacer el esfuerzo por estar de pie caí fuera de mi cuerpo, no obstante perdí el conocimiento en solo segundos.
Me despertó el frío, la sed y el hambre, no entendía nada de lo que estaba pasando pero aparentemente todo se estaba devolviendo, vi el reloj y lo mismo, quería llorar y estaba a nada de entrar en la desesperación, pero alguien me dijo a la espalda ¿Sabes qué está pasando? 

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Pájaro Azul y el Coyote

Hace ya mucho tiempo, el hermoso Pájaro azul tenía las plumas descoloridas y muy feas. Pájaro Azul vivía cerca de un lago cuyas aguas tenían un bellísimo color azul. Cada día Pájaro Azul se bañaba en el lago cuatro veces y cantaba feliz: §   Hay un agua azul. §   Se encuentra aquí. §   Yo entré al agua, §   Y me puse todo azul. El cuarto día que Pájaro Azul se bañó en el lago, todas sus plumas se le cayeron y salió del agua completamente desplumado. Pero el quinto día, al salir del agua vio que sus plumas volvieron a crecer y eran azules. Durante todos estos días, el dios Coyote había estado observando a Pájaro Azul para cazarlo, pues estaba famélico, pero le daba miedo entrar al agua azul. Al quinto día, Coyote le preguntó al ave: -¿Podría usted decirme cómo fue que sus feas y descoloridas plumas se le convirtieron en esas plumas azules y hermosas? Es usted la más bella ave que vuela por los cielos. ¡Yo también quiero ser azul! Pájaro Azul le respondió qu...

HISTORIETAS CORTAS

Zamná y el henequén

Hace muchos siglos Zamná, el héroe deificado por sus acciones benéficas para los itzáes, llegó a los territorios de la ahora ciudad de Izamal, situada a sesenta kilómetros de Chichén Itzá. En la región no había nada de agua, ni ríos ni montañas. De pronto, surgieron unas oscuras nubes en el cielo y empezó a caer una pertinaz lluvia. Todos los itzáes se pusieron muy contentos. Zamná, al ver tanta agua, decidió ir a buscar adónde podría guardar un poco para los momentos de escasez. En esas estaba cuando se acercó a una planta cuya espina se le clavó en  el muslo; la sangre brotó inmediatamente. Sus compañeros, al ver que el dios-hombre estaba herido se pusieron a cortar las hojas de la planta y a azotarlas contra unas grandes piedras planas y lisas que se encontraban cerca, para castigarla por el daño ocasionado al dios. Al ver lo que hacían sus súbditos, Zamná se dio cuenta que de las hojas se desprendían unas fibras largas y muy fuertes, y pensó que serían de mucha ...